| LUIS
¿Dónde estabas ese día?
Te estábamos velando. Unos lloraban
otros miraban fijamente el vacío
o conversaban sobre tus últimos momentos.
Estabas allí
con los ojos cerrados
pero todos sabíamos
que no era ahí donde estabas.
Afuera, un sol brillante.
El viento fresco del otoño
movía suavemente
las cortinas del cuarto
y los pliegues que te cubrían.
Y yo no sabía dónde estabas.
Probé buscarte adentro
y un enorme dolor
en el centro del pecho
me dijo que tenía que dejarte partir.
Miré el rayo de sol
de ese sol otoñal
que insistía en entrar
por la ventana abierta
y sobre sus partículas doradas
bailando con el viento
entró volando un panadero:
grácil semilla voladora
brillante y saltarina
de esas que de chicos
atrapábamos al vuelo para comer el pan.
Y supe que allí estabas
que por fin comprendía
tu espíritu de aire
tu esencia soñadora
inquieta y movediza
y quizás inconstante
como ese panadero
cuyo destino es el del viento
(rutas imprevisibles)
Y la alegría de reconocerte
disolvió suavemente
el dolor en el pecho.
Te saludé sonriendo
y te hablé dulcemente.
Quería despedirme
desearte un feliz viaje
y pedirte que a veces,
desde ese lugar del corazón
en donde está guardado tu recuerdo,
me digas que es muy bueno
apoyarse en el aire
dejarse mecer por los vientos de otoño
probar nuevos caminos.
Me acerqué a la ventana
a respirar el aire de la tarde
y un panadero se me enredó en el pelo.
Y supe que me habías escuchado.
Me saludabas y partías
volando hacia la luz infinita.
Es extraño este asunto de
la muerte
LLUVIA
Un pájaro en la oscuridad
cantó entre mis sueños.
Cuando me desperté
llovía.
Lluvia tan densa y quieta
como si todo el aire
lloviera vertical y mojado
y tan gris
cómo sólo puede serlo un domingo.
Y comprobé una vez más
que él no había venido
y la lluvia agrandaba el hueco de su ausencia.
PRESENT CONTINUOUS
A veces me sucede
que hay seres que me aman
me miran a los ojos
y una explosión de luz envuelve el mundo
y los cuerpos se encuentran en la danza
sutil y apasionada
de vernos mutuamente
más allá del abismo.
Milagro
júbilo del encuentro
instante de eternidad.
Y también me sucede
que miro alrededor
y no hay nadie que lleve en la mirada
la llama del milagro.
Un gris de confusión y agotamiento
encierra a cada uno
en guaridas de miedo.
Y el universo empieza a parecer
un páramo, un desierto,
una helada soledad
poblada de fantasmas.
Y el tiempo
que vive de nostalgias y de anhelo
de que aquellos encuentros se transformen
en un futuro eterno
empieza a martillar
minuto tras minuto
sobre la angustia de la soledad.
Y entonces me pregunto
¿Dónde fue la tibieza
la luz dorada que envolvía el milagro
aquél instante eterno?
Y en medio del profundo desconcierto
de no saber de qué manera detener
aquél acoso destructor del tiempo
encuentro muy adentro
una suavísima y audaz presencia
que dice ser eterna
que dice que es la fuente
de la luz que provoca los milagros
que dice que el encuentro
debe ser celebrado
porque el amor es gozo y es recuerdo de su eterna frescura
pero que más allá de los encuentros
el milagro es continuo
porque la eternidad de esos instantes
se multiplica en su presente eterno
de silencioso júbilo.
¿OLVIDAR?
¿Cómo olvidar? Si
en cada célula del cuerpo
en cada gesto imperceptible
en los tonos cambiantes
de la luz
en el torrente del
deseo
en el mundo alucinado
de los sueños
en el silencio de
la soledad
en medio del bullicio
en las letras de un
libro
o en el vapor de la
cocina
en el rostro de un
desconocido
en el aire sobre la
piel
en un paisaje extraño
o en la próxima esquina
aparece, inesperado
el sobresalto (o la
dulzura) del recuerdo
y el cuerpo se sumerge
y todos los esfuerzos
del olvido
inútiles e inermes
retroceden sin saber
qué decir.
Difícil olvidar
cuando todos los mundos
paralelos
están ahí al alcance
de la mano.
(de "Estaciones",
1996)
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